Cuando cae la noche
Sábado, el reloj está a poco de marcar las seis de la tarde y ya se sienten las brisas que trae la clásica noche capitalina, el cielo empieza a tomar un color negruzco, alumbrado con algunas estrellas que aquí solo son opacadas por el humo de los visitantes, un largo camino empedrado de subida, se aleja del ruido que hay unos metros más abajo y traslada a una época antigua. Una plazoleta rodeada de restaurantes, cafés, y tiendas de diferentes cosas y adornada con una pequeña fuente en piedra, utilizada como recostadero para dejarse llevar por los cantos y cuentos que se amenizan en un lugar inundando con olor a café, chicha, marihuana y cigarrillo, donde los gritos y risas amenizan la noche fría. Sus visitantes le otorgan un ambiente jovial a este sitio bogotano, entre gustos musicales, preferencias gustativas, actitudes y aspectos, se observa una perfecta combinación de nacionalidades y personalidades, atraídas a un mismo punto que te ofrece un buen rato de relajación y esp...