Ojos que no los vean

Ojos que no nos vean, manos que no nos agarren y pies que no nos alcancen, Santa María aleja la envidia, que no quiere vivir más acá, dame la fuerza y la ayuda, dame pa’ un desayuno que ya voy hacerlo…”  así comienza su día un habitante de la calle en lo que era el Bronx, un lugar olvidado por el distrito y los habitantes de Bogotá, en ese lugar que estaba lleno de basura, inmundicia, expendios de drogas, casas de pique, prostíbulos y de más cosas inimaginables, como violaciones, desapariciones y drogadicción tanto de adultos como de jóvenes y niños, vivía el señor Luis Enrique Campos Hurtado un habitante de calle que no ha dejado de serlo y se rehúsa a recibir la atención ofrecida por el gobierno de Enrique Peñalosa, después de la toma del Bronx a finales de mayo de 2016.

 

Luis Enrique llego a Soacha con su familia cuando era solo un niño, pero por seguir malos pasos y malos consejos cayo en el mundo del robo y como él dice “Ladrón no hace ladrón, sino, la ocasión es la que hace al ladrón”. Comenzó a consumir  marihuana por curiosidad, y durante seis años dejó de consumirla, a los 19 años ingresó al ejército, en el frente de batalla prestó el servicio militar profesional en las selvas durante dos años, durante su paso por el servicio encontró un laboratorio químico de cocaína, “allí comencé con los pistolos, en ese tiempo la baya si era a base de coca, ahorita acá es mera xilocaína, un poco de cemento blanco y le echan una gótica de perico por encima para que usted quede… ese el famoso bazuco, bazuco el del llano eso si es bazuco” afirma Luis.

 

Después de eso llegó a Bosa, El Recreo al conocido “Cartuchin” en este sitio compró 27 “trabas” de bazuco, cada una a 1.000 pesos, se le acababan los cigarrillos más rápido que acabársele las trabas al compañero, él fumaba pistolos y su compañero fumaba pipa, al acabársele los cigarrillos le pide al socio que le de uno, pero este se niega y Luis Enrique le pide que le deje probar la pipa, lo cual termina consumiéndolo más en la drogadicción. “Hace 7 años que no hablo con mi familia, supe hace poquito porque llame a un hermano que hace poco se había ahorcado un hermano mío, pero no sé nada mas de ellos” el no asistió al funeral del hermano prefirió quedarse en Bogotá; Su hermano le hace falta y le es doloroso “él ya se “jue” y de tras voy yo, porque la única solución de esto es irse o morirse no hay más salida” dice Luis.

 

Le gustaría salir del mundo de las drogas pero no lo ha hecho como él dice “porque usted solo no puede eso es una mentira y que se encomiende a Dios…es verdad si Dios le da a uno la fuerza y todo los días y yo le agradezco, pero ahí uno necesita la fuerza de otra persona que le diga vamos a camellar, vamos a trabajar... porque cuando uno recibe la plata no caer en  la tentación es difícil”, pero según él hay personas que han durado entre 10 y 11 años sin consumir pero las ansias de consumir de nuevo hace recaer a las personas y conoce varias que lo han hecho y han llegado de nuevo a la calle. Al preguntarle por la policía dice: “no nada, maltrato es lo único que se recibe de ellos, más que todo del ESMAD” comenta Luis, el Estado y el gobierno distrital desde la toma del Bronx no han prestado la atención necesaria a esta población vulnerable, y lo que han hecho se ha reflejado muy poco en las estadísticas y la percepción ciudadana, según Luis Enrique la ayuda prestada por las fundaciones y la secretaría de protección social es una fachada.

 

La experiencia de Luis Enrique en la antigua calle del Bronx durante la toma de esta por parte de la policía y el ejército no fue fácil, él se encontraba “trabándose” a las  5 y 40 de la mañana, cuando llegó el ESMAD lanzando granadas aturdidoras en la calle de la “L”, ya  a las 6 de la mañana  estaba copado de policías, dice Luis Enrique “fue un voltaje el hijuemadre pa’ Dios” En su momento de defenderse los habitantes de calle entre ellos Luis Enrique; trataron de repeler el asedio y la toma de Bronx por parte del ESMAD, menciona Luis Enrique lo siguiente “más de uno daba plata, pagaban para una revolución, pero es difícil pelear contra ellos porque su armamento contra el armamento de nosotros que eran piedras y botellas y nada más esos escudos que protegían más…”. Con resabio comenta que los “sayayines” no tuvieron tiempo de nada, fue una reacción sin tiempo, ya que a esa hora la mayoría  estaban durmiendo, otros estaban fumando y otros llegaban a jugar maquinas en los casinos improvisados en el Bronx o a comprar droga, ya no tenían forma de salir; la policía saco  6 camiones llenos de “ñeros” a las 9 y 30 de la mañana, pero Luis no sabe nada de sus compañeros del Bronx, él dice que se los llevaron a distintas ciudades como Girardot, otros que están en Ibagué, y está convencido  que hicieron lo mismo que hace 17 años durante el desalojo de los habitantes de calle de la zona del Cartucho, los asesinaron y luego los desaparecieron.

 

A los heridos los dejaban salir más rápido, los subían a los camiones, pero no los llevaban a los hospitales sino a otros lados, a Luis no le hicieron nada porque el solo es consumidor; por eso no se dejó convencer de los sayayines él especifica que  “yo no participe en la revolución porque yo soy un consumidor, no un revolucionario; yo que me iba  a hacer golpear de un policía si esos son una familia grandísima quien va a pelear contra ellos, es imposible,  no pudieron los sayayines con fusiles, ametralladoras y pistolas, y uno que solo tiene las manos para defenderse…”; Aunque el agradece que se haya acabado ese sitio por las cosas que vio y pasaban en ese lugar piensa que las medidas que tomo Peñalosa no fueron las correctas, y después de pedir permiso con la mirada lo insulta “ese catrehijueputa nos sacó a lo guasabro”.

 

Comenta que las niñas eran obligadas y golpeadas durante las violaciones y que no era un solo hombre sino cuatro o más al tiempo y luego las sacaban, no quiso dar mucha información de las casas de pique, porque eso es un tema delicado para él, lo único que menciona es que era en la “escalera” este sitio era la “olla” más peligrosa de todas y no tenían compasión por la gente, nunca le llegaron a golpear ni maltratar, porque “viera lo que viera y oyera lo que oyera seguía mi camino” dice Luis.

 

tratar de sobrevivir uno mismo porque qué más, yo pues pagó mi pieza y me gano la voluntad de las personas sin quitarle a nadie, porque sabe que, a la hora de la verdad, está rete duro una cárcel es más duro que pagar la penitencia en el samber, es lo mismo ahora el samber está cogiendo más fuerza”. El “Samber” es un barrio que está ubicado justo al lado del parque del Tercer Milenio y a unas cuadras más al sur de la calle del Bronx y esta es una olla que está en auge después de la intervención de la calle de la “L” y el Bronx.

 

Paga 10.000 por una pieza oscura, sucia y sobre el suelo un colchón donde poder dormir, pero prefiere pagarlos que dormir en la calle, a muchos de sus amigos los han matado en las calles, los dejan mal heridos, los desaparecen o no vuelven a despertar y asegura que las limpiezas sociales aún están, así no lo digan y lo nieguen en la alcaldía, a ellos les tiene miedo. Los hogares de paso son una mentira allá no los obligan a nada y dice que deberían apretarlos y llevarlos a los montes o granjas a cultivar papa o lo que sea y así se limpiarían y dejarían de consumir “hay peladitos de 12, 14 años consumiendo pipa” comenta, no aconseja a nadie, pues piensa que no tiene la autoridad moral para aconsejar a un “vicioso”, siendo uno igual.

 

Hace 2 años lo cogieron los de la limpieza social, a la 1 de la mañana cuando se encontraba en la Carrera 7ª, llegaron en una camioneta negra y armados con 765, se bajaron de la camioneta uno tipos vestidos de traje de paño, el asegura que son policías en retiro ya conoce la gente, dice  “el que viste elegante es más ladrón que el que viste como un ñero” y se salvó de ser asesinado por estos hombres gracias a otro sujeto que no sabe quién era, pero que lo ayudo a escapar de una muerte segura y le está muy agradecido. Solo ha recibido dos puñaladas en todo el tiempo que lleva de habitante de calle, una de estas le ha dejado un tubo a tórax; Un tubo a tórax es un sistema de drenaje de la cavidad torácica que se usa para drenar la sangre, el aire o algún otro fluido que se aloja entre el pulmón y la pleura; y la otra puñalada fue cerca al corazón y no ha sufrido más daños.

 

Es levantarse echarse la bendición y es ahí donde comienza a decir: Ojos que no nos vean, manos que no nos agarren y pies que no nos alcancen, Santa María aleja la envidia, que no quiere vivir más acá, dame la fuerza y la ayuda, dame pa’ un desayuno que ya voy hacerlo, y ya, se hecha la bendición”  así comienza su día un habitante de la calle dice Luis Enrique, desayunan, se fuman sus dos o tres bazucos antes de salir de la pieza a la calle y así son todos los días de sus vidas, comenta que es lo mismo en las noches y otras personas amanecen o trasnochan consumiendo droga, para comprar su bazuco se ganan la vida limpiando para brisas, reciclando o golpeando llantas, no siempre le va bien, pero a Luis Enrique le ha ido bien, él es uno de esos muchos limpiadores de los panorámicos de los automóviles de la capital, cuando los conductores le reclaman el simplemente se disculpa y sigue con el siguiente auto, pero cuando se ponen de groseros él también les responde, pero en la medida evita los problemas con los conductores.

 

Al ver la represión del Estado y del gobierno distrital siente abandono por parte de estos y menciona que “ese man torio un nido de abejas,  que no debió torear, ese man debió haber pensado como haber reubicado a la gente porque la mayoría de ñeritos están sufriendo, porque más de uno pagábamos pieza ahí en el Bronx y este catrehijueputa nos saca a lo guasabro, a mí se me quedo todo, mi ropa, mis cositas, poco a poco consigo mis corotos…” Relata que cuando llega una grabadora vale 2.000, un televisor 10.000, pero si se es organizado pueden ganar más, la mayoría de la gente que vivía en el Bronx o en la llamada “L” no eran drogodependientes, ladrones ni vendedores de estupefacientes, también habían familias, niños y jóvenes que cumplían horario al entrar a estudiar normalmente, la intervención de estos sitios fue por la corrupción de menores.

 

Esta corrupción genero el colapso del Bronx; cada fin de semana entraban entre 30 a 40 adolescentes, esto generó la intervención del sector, donde se veían jóvenes de 12 años consumiendo drogas y alcohol o en prostitución en las mal llamadas “chiquitecas”.  “Ya pelaos de 12 años les gusta la marihuana ya comienzan a probarla con su pipita, en un año tienen un bareto en la boca, a los 16 ya tienen es el cajón encima con tierra porque no alcanzan a conocer la cedula, se lo juro…” asegura Luis Enrique sintiendo rabia.

 

La vida vale más que cualquier cosa” dice Luis Enrique, asegurando que nunca ha querido suicidarse y que nunca lo haría, a pesar de su vida de “desechable” el expresa “que ya está muerto en vida” y esto se debe a que todas las personas rechazan a este tipo de gente ya sea por su forma de llevar sus vidas o por sus olores o simplemente por consumir drogas, y esto le sucede a muchos de estos seres que se encuentran en la calle abandonados por su familia y seres queridos, el solo espera que “Papa Diosito” refiriéndose  a Dios lo reciba ya que él le da el perdón a todos.

 

Por ahora seguirá con esa vida de hallarse en la calle y consumiendo drogas, la cual él cree que es una maldición que lleva desde mucho tiempo atrás y espera que se le termine muy pronto, él vive la vida que Dios le quiera dar y será feliz hasta el día que él se lo permita.


Ya es hora de seguir con su lucha diaria, se despide con un “Siempre que me necesiten, me encuentran acá” y con tristeza comenta “Pelao’ cuídela, yo también tuve mi mujer, así como ella y por culpa de la droga la perdí junto a mis hijos”.